Hace año y medio un alumno de la escuela donde trabajaba nos regaló a todas las “seños” una galleta similar a esta:

Lo primero que pensé es que no se comía, pero la mamá del niño insistió en que sí se comía era una galleta con forma de árbol y con unos colores tan bonitos…

Cuando llegué a casa la dejé sobre la mesa del comedor pensando en colgarla en el árbol de Navidad (y no comérmela por supuesto), cuando volví unas horas más tarde a casa ¡¡ya no estaba la galleta!!?? miré a mi pequeño “saltamontes” y ví la prueba del delito ¡¡su boquita verdeeee!!

Sensaciones encontradas dentro de mí ya que esa galleta no se comía!! no me había dado tiempo a investigarla ni a probar ni un poquito!! pero por otra parte muy contenta, ya que al pequeño “saltamontes” le había gustado tanto que se la había comido y eso que, al contrario que a su madre, no le va mucho el dulce.

Fue entonces cuando empecé a investigar, buscar y leer sobre este mundo tan fantástico de las galletas decoradas.

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